Biografía

Abundante y exquisita es la obra musical de Alfredo Gutiérrez, uno de los pocos grandes exponentes del folclor colombiano, que puede testimoniar a los cuatro vientos lo que es mantenerse vigente, con su repertorio y en escena, a lo largo de más de medio siglo de trayectoria profesional.

Aunque dejó su voz y el sonido de su acordeón en los registros de grabación desde niño, la carrera en firme de este versátil acordeonista arrancó a finales de 1960 con la publicación “Majagual”, un cadencioso porro de su autoría, grabado para Discos Fuentes, en el que se conjugan el bombardino y el acordeón para alegrarnos la existencia al compás del pegajoso coro que pregona: ¡Para Sincelejo!

Alfredo de Jesús Gutiérrez Vital, como figura en su documento de identidad, nació el 17 de abril de 1943 en Sabanas de Beltrán, antiguo corregimiento de Corozal, en el otrora Bolívar Grande, hoy jurisdicción de Los Palmitos, en el departamento de Sucre, en una casa edificada con arena, madera y estiércol de ganado vacuno.

Nació y creció en el modesto hogar conformado por Alfredo Enrique Gutiérrez Acosta, un acordeonero andariego proveniente del Magdalena Grande y Dioselina de Jesús Vital Almanza, abnegada ama de casa nativa de Paloquemao, padres de Alfredo que fue el tercero entre siete hermanos.

Los primeros años de Alfredo fueron difíciles, cargados de contrariedades, ya que lo que el padre lograba ganar con su oficio de acordeonero y la madre con la madera seca que cortaba para luego venderla como leña en el pueblo, no alcanzaba para el sustento de esta familia numerosa.

Nadie sabe como Alfredo de Jesús aprendió a tocar el acordeón, ni él mismo lo recuerda con exactitud, lo único cierto es que lo primero que vio, tan pronto tuvo uso de razón, fue a su padre manipulando aquel instrumento que generaba sonidos agradables, a los cinco años ya el acordeón lo atraía, lo tomaba entre sus manos; empezaba a familiarizarse  con él.

A finales de 1954, con sólo nueve años a cuestas, Alfredo  formó parte del grupo Los Pequeños Vallenatos, integrado por Abel Rodríguez, Luis Castillo, Gustavo Amaya y Arnulfo Briceño, quien años después se constituiría en uno de los grandes exponentes de la música llanera, tiempo después se vincularían al grupo Adonaí Díaz, Víctor Gutiérrez y Ernesto y Alonso Hernández.

El grupo de infantes, fundado en la ciudad de Bucaramanga, tuvo como director al profesor José Rodríguez y recorrieron varios países, entre ellos Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú, con ese grupo Alfredo, siendo aún un menor de edad, iniciaría su periplo por el exterior como artista profesional.

A la muerte de su padre Alfredo Enrique, en 1958, por una penosa enfermedad, Alfredo de Jesús estrechó sus lazos de amistad con Calixto Ochoa, éste no sólo lo orientaría en la ejecución del acordeón y en su estilo de vida, sino que también lo vincularía a la casa disquera Fuentes, de Antonio Fuentes López.

Con este industrial, en compañía de Calixto y del cantante César Castro fundaron, en 1961, los Corraleros de Majagual, célebre agrupación que pasaría a la historia por la cantidad y calidad de sus artistas y de sus obras, Alfredo tenía en ese entonces 18 años y ya estaba curtido como artista luego de haber pisado varios escenarios.

Con Los Corraleros, Alfredo se constituiría en el acordeonista insustituible de la agrupación y grabaría temas de perdurable recordación como “Majagual”, “La paloma guarumera”, “Festival en guararé”, “Sombrerito panameño”, “Amor viejo”, entre muchos más, además también publicó obras con los créditos de Alfredo Gutiérrez y su conjunto.

En la factoría Fuentes permaneció de 1960 a 1965, de ahí pasó a la casa Sonolux, grabando bajo el nombre de Alfredo Gutiérrez y sus estrellas, entre sus músicos acompañantes estuvieron los hermanos Benítez, Carmelo Barraza, Danuil Montes y el cantante Lucho Pérez, todos integrantes de los Corraleros de Majagual.

Tras permanecer tres años en Sonolux, donde grabó temas de sonoro impacto como “La banda borracha”, “Catalina”, “Raca mandaca” y “Quisiera amarte menos”, Alfredo pasó, en el segundo semestre de 1968, al sello de nombre Costeño de Codiscos, ahí dejaría una vasta producción de éxitos entre los que se destacarían “Ojos indios”, “Los novios”, “Me dejaste solo”, “Se acabó quien te quería”, “Ay Elena” y “Lejanía”.

Fue en Codiscos donde Alfredo Gutiérrez dejó un legado con su exquisito repertorio, bien fuera con su conjunto o con Los Caporales del Magdalena, su producción fue prolífica, mencionemos algunos títulos: “Mis vacaciones”, “Fiesta en corraleja”, “La cañaguatera”, “Desde que llegaste tú”, “El ramillete”, “El troyano”, “Manantial del alma”, “El envenenao”, “Paraíso”, “Tus amores”, “La diosa coronada”, “La novia del estudiante”, “Tus recuerdos”.

En 1974 regresó a Discos Fuentes, ese mismo año, con Pablo López en la caja y Virgilio Barrera en la guacharaca, se proclamó Rey Vallenato en Valledupar, fue la primera de las tres coronas que ganaría en el Festival de la Leyenda Vallenata, en 1978 y en 1986 volvió a ganar el Festival Vallenato.

Otros logros y reconocimientos de Alfredo Gutiérrez que también se destacan son haber ganado dos Trébol de Oro y un Califa de Oro en México, cinco Guaicaipuro de Oro en Venezuela y la nominación al Grammy Latino en 2008 en la categoría cumbia y vallenato, por su trabajo discográfico “El más grande con los grandes”.

En 1991 y 1992 fue proclamado campeón mundial de acordeón en Alemania, además ganó dos Congo de Oro en el Carnaval de Barranquilla antes de pasar al sello FM Records, en el que impuso éxitos como “La carta número 3”, la serie “Nostalgia vallenata”, “Las miradas de Magaly” y “Ripití ripitá”, para luego retornar a Sonolux.

Al concluir su contrato con Sonolux, en 1998, pasó al catálago de MTM, dos años después, en Codiscos, presentó en sociedad el novedoso proyecto La Fania Vallenata, en el que acompañó a Jean Carlos Centeno, Jesús Manuel, Alex Manga, Enaldo Barrera, Heberth Vargas y Ernesto Mendoza, reconocidas figuras del canto vallenato, al estelar acordeonero Israel Romero y al tropicalísimo Juan Piña, con el que grabó el que sería el éxito de la producción, “La camisa rayá”.

La música de acordeón ha tenido decenas de juglares que han brillado con luz propia a lo largo de la historia y entre tantas figuras legendarias de antes y de ahora, Alfredo Gutiérrez compendia los aspectos artísticos y técnicos que caracterizan al músico completo: compone, arregla, toca, canta y es dueño de una diversidad de estilos.

Desde 1960 y en distintos ritmos, Alfredo nos ha alegrado el alma con más de un centenar de bellísimas y jacarandosas canciones, bien sea acompañado por los Corraleros de Majagual, por sus Estrellas, por los Caporales del Magdalena o por su conjunto, él empezó una nueva era la música provinciana del Magdalena, que era como se le denominaba a la música de acordeón antes de que se le encasillara en el aire del vallenato.

A partir de Alfredo Gutiérrez, el ejecutante del acordeón adquiere otro status, le dió nueva fisonomía y marca una mayor tendencia en el romanticismo, amparado por la vena poética de compositores de la línea lírica como Rubén Darío Salcedo, Freddy Molina, Gustavo Gutiérrez y José Garibaldi Fuentes, a ello se sumó su enorme destreza para manipular el instrumento de fuelle de origen alemán.

Ciertamente, desde hace 55 años, la música de Alfredo Gutiérrez ha sido indispensable en nuestras discotecas y en nuestros corazones y su presencia en tarima sigue siendo vigorosa, torrencial, llega a su máximo nivel de emoción en el público cuando es levantado en hombros por sus músicos para tocar el acordeón con los pies.

¡Celebramos pues que hemos tenido la inmensa fortuna de que Colombia haya dado un artista como Alfredo Gutiérrez, que nos ha llenado de tanta música!